domingo, 18 de noviembre de 2007

Siempre, ya no recuerdo desde cuándo, cada vez que entro en una librería, o papelería-librería, compro más de lo que quiero o necesito. En una ocasión, entré a por un bolígrafo, apenas tenía tiempo, porque debía comenzar mis clases. El caso es que salí del lugar con un bolígrafo y cuatro libros.
Algunas personas tenemos la necesidad, el vicio, o lo que sea, compulsivo de tener libros a nuestro alrededor. Preferimos comprar que tomar prestados de la bibliotecas o que pedirlos a nuestros amigos. Nos gusta que nuestro espacio vital, nuestro entorno, esté lleno de libros. Pasear por la casa, por el pasillo, la sala de estar, el dormitorio, incluso el baño. Todo lleno de libros. Probablemente los psicólogos lo consideran una patología o neurosis, o como quieran llamarlo. En cualquier caso, seguro que no nos ven como personas normales. Y nos clasificarán dentro del grupo de "compradores compulsivos", y comenzarán a enumerar las causas de nuestra compulsividad. Insatisfacción personal, frustración laboral, complejo de inferioridad, personalidad débil, etc. Pero se equivocan, no tienen ni idea de porqué a algunas personas nos suceden estas cosas.
Nuestras vidas están hechas de cosas. La mía, en concreto, de libros. Y todos mis recuerdos están, inexorablemente, unidos a un libro.
Aún está muy reciente lo sucedido los últimos meses. Dentro de unos años, cuando recuerde mi cambio de casa en septiembre, mi hartazgo como profesor, o mi reencuentro con una mujer que, ahora ella, no me quiere lo suficiente, lo que aparecerá en primer plano será La carretera, de Cormac McCarthy. No es que lo que me ha pasado tenga que ver con la novela, pero uno, al final, tiende a relacionarlo todo. Y así, la tristeza, la falta de comunicación, las medias verdades en los diálogos entre el padre y su hijo, están en todo lo que yo he vivido. Y es lo que quedará.
¿Y por qué la foto de La Casa del Libro? Porque es ahí donde más feliz he sido desde que vivo en Madrid.

2 comentarios:

Jan dijo...

Ésta, Paco, no es la primera vez que te pasa. En la época en la que dejaste de fumar nos vimos en Salamanca y me dijiste que te comprabas un montón de libros últimamente y que pensabas que podía ser el vicio que sustituyera el fumar.
Pues, así fue que llegué a ser testigo de una ocasión semejante a la que cuentas aquí: Creo que entramos en una papelería de la calle Zamora, porque yo me quería comprar algo. No me acuerdo de lo que era, pero, al entrar me mencionaste que sí que era buena idea entrar, pore era verdad que tú también necesitabas un boli.
Después de unos diez minutos salimos, tú con quatro o cinco libros, yo con nada, porque no había lo que quería y media hora después al tomarnos un café en la Plaza Mayor te acordaste de que se te había olvidado comprar un boli.

underskin dijo...
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