miércoles, 6 de febrero de 2008

En una ciudad sin apenas pasado en sus edificios, llama la atención algunos rincones que se hallan en el centro, más propios de una ciudad medieval. Si el viajero pasea por la calle Mayor en dirección al Palacio Real llegará, más pronto que tarde, a la calle de los Coloreros, pequeñita y estrecha que no impide, sin embargo, que los hosteleros la llenen de mesas y sillas para los turistas. La calle, que se halla a la derecha de la imagen, es como una rampa que, inexorablemente, te conduce al lugar de la foto . Ésta es la entrada al Pasadizo de San Ginés, junto a la plazuela del mismo nombre. En este lugar halló refugio y consuelo Max Estrella, ciego de vista y de alcohol. Ahora hay la Chocolatería San Ginés, abierta las veinticuatro horas, todos los días del año. Cuando Luces de Bohemia, el lugar estaba ocupado por la Buñolería Modernista donde el héroe, a punto de convertirse en un moribundo, es recibido por un grupo de jóvenes radicales que lo vitorean. Él llega ya un poco borracho y acaba siendo detenido por alborotador. Y todo eso aquí, en este pequeño lugar, apenas transitado más que por turistas que, probablemente no sepan del pasado liteario, ni falta que les hace, y guiados por la atracción circense que es el Joy Eslava, al fondo a la izquierda.
A este lugar, sin embargo, le falta una cosa. Sería como Salamanca o Burgos o León si hiciera más frío. Y es que en Madrid nunca hace suficiente frío, a pesar de todo el pesimismo de Max Estrella. Siempre el aire de este puñado de callejuelas es más limpio que lo que cuenta Valle-Inclán. Y siempre, a pesar de todo el pesimismo, pasear por ellas o tomar un chocolate con churros aquí, en San Ginés, es reponer fuerzas para que el viajero continúe su marcha por este Madrid sorprendente, escondido a los ojos del que no busca.

3 comentarios:

Hari Seldon dijo...

Antes sí hacía frío en Madrid...

el color del cristal dijo...

A Madrid le pasa como a las personas, que tiene días, y los hay muy fríos, recuerdo algún que otro Fin de Año que el aliento se me congelaba en los labios, me hubiera gustado conocer que existía esta chocolatería, para poder reponer fuerzas.

Ah, y hola :)

Cobrizo dijo...

Hola, Mª Paz. Es agradable saber que me lees. :-)